Año 3, número 6
H. Puebla de Zaragoza a 23 de marzo de 2000

La casa de los cañones* 

Lilián Illades

L

a ciudad de Puebla ofrece a sus habitantes, así como a quienes la visitan, un secular centro histórico en donde pueden apreciarse hermosas y majestuosas construcciones que datan del periodo colonial. Una obra arquitectónica de singular belleza es la Casa de los Cañones. En ella sobresalen la fachada de talavera y ladrillo, el inmenso portón de madera, el barandal corrido de hierro forjado que abarca todo su frente, y los vertederos en forma de cañón que coronan la cornisa. Estos últimos, son los únicos que con ese diseño existen en la ciudad. La remodelación de la residencia, con las peculiaridades resaltadas, data del último cuarto del siglo XVIII, pero el casco original fue levantado desde el reparto de los solares primigenios.

A lo largo de su historia, la Casa de los Cañones sirvió de morada o perteneció a funcionarios reales, órdenes monacales, clérigos, hacendados, políticos y empresarios hispanos, criollos y mexicanos; alojó oficinas de la corona española, albergó establecimientos comerciales de la más variada índole y se convirtió en recinto universitario a partir de 1980. La antigua casona es hoy día un bien histórico irremplazable, con gran valor estético, que forma parte del patrimonio de la humanidad.

* Este trabajo es una síntesis del ensayo La Casa de los Cañones elaborado por Lilián Illades para la colección Puebla, La Ciudad y sus Monumentos. Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades. 1998.

Aportaciones arquitectónicas

H

oy en día, la Casa de los Cañones conserva la fachada de dos niveles de composición simétrica de los tiempos coloniales, y un agregado que se construyó en la segunda mitad del siglo XIX que refleja la influencia de su época.

La entrada principal de la antigua casona es de gran altura, el vano o hueco mide cerca de cinco metros, y llega a cubrir lo alto del primer nivel; las anchas jambas de los lados soportan un dintel colonial de cantera labrada, cuyo espesor es similar al de aquéllas. El enorme y pesado portón de madera fina y maciza está adornado con figuras geométricas y vegetales; sus llamadores —en ambas hojas— son de bronce figurando a dos leones con aspectos amenazantes, el de la aldaba es el de mayor tamaño. El postigo (puerta pequeña)del portón abarca las dos terceras partes de la hoja derecha vista desde el frente, lo que remite al linaje de los habitantes de la casa.

Hay dos pares de ventanas a cada lado de la entrada, siendo sus marcos de cantera labrada; las exornadas jambas de las ventanas rematan en figuras vegetales y ornatos en forma de espiral, caracol o hélice que soportan a la cornisa con la que se corona lo alto del muro para evitar la entrada de agua. Las ventanas se encuentran protegidas por una herrería decorada con figuras botánicas y geométricas.

A lo largo de la fachada hay un alto lambrín o guardapolvo de cantera labrada, enmarcado con una moldura del mismo material que guarda una forma mixtilínea. El paramento o superficie exterior del muro se encuentra revestido con el material tradicional poblano de talavera y ladrillo cuadrangular.

Siguiendo la composición de la planta baja, el primer piso cuenta con cinco vanos para las ventanas; las jambas se prolongan hasta la cornisa y los cerramentos dinteles con los que se cierran los huecos están adornados con motivos semejantes a los de la planta baja. El recubrimiento de este nivel, desde el piso hasta el techo, es también de talavera y ladrillo.

 

 

En la Casa de los Cañones destaca el balcón corrido que abarca el largo de la fachada. El barandal es de hierro; fue forjado mediante martillo, yunque y fuego. Los adornos en forma de rombo y otras figuras geométricas, de diferentes tamaños, le dan un carácter excepcional al barandal; éste se sujeta al muro a través de seis enormes elementos de fierro forjado en forma de lazos y chinos que terminan en figuras de mastines trabajadas en bronce.

 

 

El primer nivel remata con dos elaboradas cornisas. Los extremos de cada una están adornados con un mastín hecho en argamasa mezcla de cal, arena y agua que ostenta un collar; el can muestra las dos patas delanteras dando la impresión de que está saliendo de un hueco. En las cornisas destacan seis cañones de cantera a manera de gárgolas desaguaderos salientes de piedra empleados para alejar las aguas pluviales de los muros. Los cañones son claramente identificables; sus ruedas dentadas son de argamasa y sobre el eje de cada uno se encuentra la cara de un león que aparenta estar levantando un lienzo con las fauces. En el patio principal de la casa se aprecian once cañones fabricados completamente en cantera, repartidos entre los cuatro lados de la cornisa con la que se corona la parte inferior del primer piso. Esos cañones tienen las ruedas dentadas, y en los ejes se observan leones que presentan la misma actitud que los exteriores.

El uso del león, como elemento de ornato en las construcciones, está íntimamente relacionado con los atributos del animal. Simboliza vigilancia; ya que desde tiempos muy antiguos se tenía la creencia de que dormía con los ojos abiertos. Por ello, comúnmente, ha sido utilizado para inspirar respeto y temor. Por otra parte, los grandes felinos, que en muchas ocasiones aparecen con máscaras casi humanas, simbolizan justicia.

 

 

Misma morada; diversos ocupantes

De López Berrueco a Mendívil y Palacio

 

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n el siglo XVII el inmueble perteneció al capitán Alonso López Berrueco, regidor del cabildo de la ciudad. Hacia 1634 éste solicitó un préstamo de mil pesos, dando como garantía su casa al sagrado convento de las religiosas de la pura y limpia concepción de nuestra señora1. Con el tiempo, la vivienda pasó a ser propiedad de Sebastián de Herrero y de su esposa, Isabel de la Cruz. A la muerte de ambos, mediante un concurso de acreedores realizado en 1686 sobre los bienes del matrimonio, la casa la adquirió el monasterio de la Purísima Concepción, que pagó la suma de doce mil pesos. El mayordomo que hizo la postura por parte de las religiosas especificó que, de la cifra total, mil pesos correspondían al convento por concepto de la hipoteca de López Berrueco, y dos mil estaban destinados a una capellanía que había fundado años atrás el regidor.

Un siglo más tarde, en 1785, la vivienda fue adquirida por la señora María Josefa Mendívil y Palacio, quien ofreció a cambio un par de inmuebles de las que era "legítima dueña y poseedora". Al cerrarse la operación, la vivienda recién adquirida quedó libre de todo gravamen. En ese entonces, Gerónimo Vallarta la arrendaba al convento concepcionista por cuatrocientos setenta y cuatro pesos anuales.

En 1788, a petición de la señora Mendívil, la propiedad que había permutado tres años atrás fue valuada en 49 mil 631 pesos.

El matrimonio Mangino-Mendívil

 

La espléndida casona poblana sirvió de morada al matrimonio formado por Rafael Mangino y Fernández de Lima y María Josefa de Mendívil y Palacio González Maldonado. El primero era originario de Madrid, España, y llegó a nuestro país en 1779.

Rafael Mangino ocupó cargos importantes. Así, fue juez administrador responsable de los Reales Novenos y de los Vacantes Mayores y Menores del monarca español, provenientes de la catedral angelopolitana. Fue, también, administrador de las Reales Alcabalas, Pulques y de la Real Aduana de la ciudad y su juridicción. Aparejada a su carrera política, Mangino gozó de gran bienestar económico, situación a la que contribuyó de manera notable su esposa, María Josefa, quien aportó al matrimonio los bienes que heredó de su padre, entre ellas la Casa de los Cañones.

En años de 1792, 1793, y 1799 la señora Mendívil, con licencia de su esposo, solicitó varios préstamos, proporcionados principalmente por el Sagrado Convento de Santa Clara, y por las arcas de la "Santa Iglesia Catedral", lo cual propició que el matrimonio comprometiese la mitad de la casa.

A la muerte de la pareja, dicha casa pasó a ser propiedad de su hijo Rafael Mangino y Mendívil, cuyos bienes fueron concursados en un juicio, "mas como desde luego se tuvo por indispensable el derecho del convento (de Santa Clara), le fue entregado a éste aquella finca desde el año de mil ochocientos ocho para que con sus productos se desahogaran en parte los compromisos del concurso, mientras este terminaba"2. El convento arrendó la propiedad durante el tiempo que la mantuvo bajo su dominio, en virtud de un adeudo no cubierto que alcanzaba la cifra de 17 mil pesos .

Inicialmente, el obispo Joaquín Pérez Martínez rentó el inmueble a las clarisas en 650 pesos anuales. El prelado no habitó la casa, ya que él vivía en el palacio episcopal.

Al igual que su padre, Rafael participó en la vida política y de manera relevante en el ámbito nacional. Fue diputado por Puebla en el Soberano Congreso Constituyente, integrado a principios de 1822 según lo acordado en los Tratados de Córdoba. Una vez que quedó instalado el Congreso, se le nombró secretario del mismo. Mangino, junto con los diputados José María Fagoaga, José Hipólito Odoardo, Francisco Manuel Sánchez de Tagle, y otros, formó parte del grupo borbonista.

Mangino también presidió al Congreso ante el cual, el domingo 21 de julio de 1822, se coronó al primer emperador de México, Agustín de Iturbide.

En el gobierno de Anastasio Bustamente, de 1830 a 1832, Mangino fue ministro de Hacienda. En la gestión posterior, Melchor Múzquiz (presidente interino del 14 de agosto al 24 de diciembre de 1832) lo mantuvo sólo unos días en el ministerio. Antonio López de Santa Anna le ofreció la misma cartera, y el presidente José Justo Corro lo ratificó en su administración hasta septiembre de 1836. El 14 de junio de 1837 falleció Rafael Mangino, a la edad de cuarenta y siete años. Su mujer, Ana Bringas, heredó todos los bienes, y quedó como albacea de sus hijos: Ana y Rafael.

Antonio de Haro y Tamariz

 

De acuerdo con Frances Erskine Inglis, mejor conocida como la marquesa Calderón de la Barca, Antonio de Haro y Tamariz habitaba la Casa de los Cañones hacia la tercera década del siglo XIX. Acerca de la casa, aquélla escribió:

"La casa de Don Antonio Haro está amueblada, a mi parecer, con mucha más elegancia que cualquiera de las de México. Es de inmensas proporciones, con los pisos bellamente pintados. Uno de los grandes cuartos está adornado de raso azul pálido; otro, de damasco rojo, y se ven en ellos mesas incrustadas, magníficos espejos, y todo del mejor gusto"3Antonio de Haro y Tamariz provenía de una familia adinerada, de origen español. Nacido en 1811, pocos años más tarde fue enviado, junto con sus hermanos, a estudiar en el Colegio de los Nobles de la Compañía de Jesús en Roma. Su estadía en Europa duró un lustro.

Antonio fue jefe del Partido Conservador en Puebla. A finales de 1843 dejó su ciudad natal, para instalarse en la capital del país, en donde se relacionó con intelectuales liberales, entre ellos, José María Luis Mora, Guillermo Prieto, Mariano Riva Palacio y José María Lafragua(primer abogado egresado del Colegio del Estado, hoy Benemérita Universidad Autónoma de Puebla).

En enero de 1844 Haro y Tamaríz fue elegido diputado por Puebla al Congreso de la Unión. El mismo año lo nombraron ministro de Hacienda durante la administración presidencial de Valentín Canalizo, y ocupó la misma cartera con Mariano Salas y Antonio López de Santa Anna.

Al final de su vida, en 1868, Antonio ingresó al noviciado de la Compañía de Jesús para formarse como hermano coadjutor. Murió al año siguiente en Roma y fue sepultado en una cripta jesuita de esa ciudad. Haro destinó gran parte del patrimonio conyugal al financiamiento de sus antagónicas aventuras políticas como servidor público del gobierno centralista y del federal, como liberal y conservador, así como republicano y monárquico.

Entre Antonio de Haro y Rafael Mangino encontramos varias coincidencias. Los dos eran criollos poblanos, hijos de padres españoles y adineradas madres mexicanas, nacidas en la ciudad de Puebla de los Ángeles. Uno y otro participaron en la esfera política local, y mayormente en la vida política nacional, ocupando el ministerio de Hacienda. Finalmente, ambos tuvieron por morada la misma vivienda: la Casa de los Cañones.

Ignacio Guerrero y Manzano

 

Antes de finalizar la primera mitad del siglo pasado, las religiosas del convento de Santa Clara rentaron la Casa de los Cañones, por novecientos pesos anuales, a don Ignacio Guerrero y Manzano.

Rafael Mangino y Mendívil nunca recuperó la vivienda que heredó de sus padres, y no fue sino hasta 1850 cuando el inmueble quedó liberado de todo gravamen al ser adquirido por don Ignacio Guerrero, quien propuso a las clarisas comprarles la hipoteca. En la ciudad de México fue aceptado el ofrecimiento de don Ignacio y, de esa forma, la Casa de los Cañones pasó a sus manos.

Aproximadamente en 1856, el nuevo propietario del inmueble instaló en el mismo el Hotel Universal, que fue el primer establecimiento que existió en Puebla con ese nombre, ya que los lugares destinados al alojamiento de visitantes eran tradicionalmente los mesones y las posadas.

Guerrero, con ideas hoteleras modernas, precisaba de dar no sólo servicios novedosos a la clientela foránea sino a las familias poblanas. Fue así como estableció un salón de baile, para lo cual hizo construir el tercer piso en la antigua casa, dándole a ésta la fisonomía actual.

Don Ignacio fue un hombre emprendedor. En 1852 formó parte de la Junta de Industria que presidía el gobernador de la entidad, Juan Múgica. En el Portal Hidalgo, antiguamente llamado de la Audiencia, en abril de 1868 fundó el teatro Guerrero. Ahí debutó Manuel Romero Malpica, famoso tenor de la época, quien llegó a cantar en algunas de las principales compañías de ópera del mundo.

Patrimonio universitario

 

A

principios del siglo presente, bajo la gestión de Francisco de Velasco, presidente municipal de Puebla, se mejoraron los servicios de la ciudad. Mientras ésta cambiaba de fisonomía, la Casa de los Cañones pasó en 1906 a ser propiedad del hacendado don Joaquín G. Pacheco.

Dos años más tarde, en 1908, el inmueble sirvió para instalar el Nuevo Hotel, propiedad de Blas Reguero y Caso. Desde 1915, el yerno de éste, Alfredo Miranda Reguero, rentó el edificio al empresario Manuel Arronte Alos. El inquilino conservó el giro del establecimiento, pero modificó el nombre del hotel dándole su primer apellido4.

En marzo de 1928, Alfredo vendió la casa al industrial español José Arriba Palacio. De acuerdo con lo convenido, éste respeto el contrato de arrendamiento firmado con Manuel Arronte. El hotel existió hasta finales de la década de los treinta de dicha centuria.

Durante la década de los veinte, el hotel Arronte figuraba entre los principales hoteles de Puebla. Los otros eran: Barcelona, Embajadores, Italia, Jardín, América, y Gran Hotel.

Fue probablemente el mismo señor Arronte quien instaló en su hotel el elevador que en la actualidad se conserva en una de las esquinas de la casa. El ascensor tiene una base cuadrangular de un metro setenta centímetros de lado, y consta de tres niveles. Su estructura, forrada por una malla de hierro, se encuentra dividida en ocho cuerpos del mismo material, formados por ángulos visuales, soleras y rieles de escuadrillas de pequeñas dimensiones, las cuales están unidas con tornillos y tuercas.

Para 1930 el Hotel Arronte seguía incluido como uno de los mejores entre los treinta restaurantes y hoteles registrados en el Calendario Nieto5.

La Casa de los Cañones no sólo sirvió para establecer en su interior al hotel; en los años veinte, Carlos V. Toussaint inauguró en la planta baja del inmueble, del lado derecho, el cine Olimpia, con el fin de proyectar cintas que contrarrestaran la "perniciosa" influencia de las películas "pornográficas" que se exhibían en las otras salas de la ciudad en esa época.

En 1930 murió José Arriba Palacio. Su familia continuó rentando la casa a Manuel Arronte. En marzo de 1935 Gustavo Fernández Isla embargó la propiedad a la sucesión de José Arriba Palacio por diez mil pesos.

A principios de la década de los cuarenta, la señora Emilia Cuervo viuda de Arriba Palacio se hizo cargo del inmueble y del hotel por un par de años; el establecimiento no cambió de nombre.

En 1943 la casa fue rentada durante una década a Miguel Robles Diez, por la cantidad de mil 200 pesos mensuales los tres primeros años, y cien más el resto del periodo. El acuerdo no se cumplió, ya que en 1945 el señor Arnaldo Alos firmó un contrato para arrendar el inmueble durante nueve años. Durante el tiempo en que la casa fue alquilada por don Arnaldo, recibió el nombre de Hotel Alos.

 

Como hecho notable es de recordar que en 1953, la pintora mexicana Frida Kahlo, después de haberse sometido a seis operaciones de la columna vertebral , se hospedó en tal hotel. En la habitación que se le asignó colocaron su cama. Esta, con forma de canoa, le permitía mitigar sus crónicos males. En sus viajes, Frida no sólo viajaba con su cama, sino que traía consigo una serie de objetos personales con los que prácticamente hacía una réplica de su habitación en Coyoacán.6

En 1956 la oficina de Recaudación de Rentas del Estado embargó a la sucesión de Arriba Palacio por una suma de nueve mil 388 pesos, debido a que adeudaba contribuciones.

En marzo de 1957 la Casa de los Cañones fue comprada por Rafael Solís González a la albacea Elena Arriba Palacio Cuervo, por la cantidad de 146 mil pesos. Durante el tiempo en que Solís fue dueño del inmueble, éste fue arrendado básicamente a abogados que instalaron despachos en su interior. También se estableció la fábrica de zapatos Lorena. Asimismo, el segundo patio de la casona fue rentado como bodega del almacén de alfombras y tapices Taxal, perteneciente a la familia Armenta.

Solís murió en 1968, y en el mes de mayo del año siguiente la casa pasó a ser propiedad de su viuda y heredera universal, María Luisa Tinoco. El 14 de agosto de 1980 ésta vendió el inmueble a la Universidad Autónoma de Puebla, representada por el Ing. Luis Rivera Terrazas quien endosó al representante de la señora Tinoco un cheque que amparaba la cantidad de dos millones quinientos mil pesos, firmado por el señor don Manuel Espinoza Iglesias, en nombre de la fundación Amparo Rugarcía de Espinoza. La compra de la Casa de los Cañones la hizo Manuel Espinoza, a fin de que la Universidad se la cambiara por el inmueble que actualmente ocupa la esquina sudoeste del museo Amparo.

Fue así como la antigua casona considerada monumento arquitectónico e histórico pasó a formar parte del patrimonio universitario.

Inicialmente el inmueble se destinó a albergar los colegios de Antropología Social, Filosofía y la biblioteca José Revueltas, de la Escuela de Filosofía y Letras. También se instalaron ahí la dirección del Instituto de Ciencias, así como algunos de sus centros: Investigaciones Sociales, Investigaciones Históricas del Movimiento Obrero e Investigaciones Filosóficas.

Actualmente, tras una remodelación realizada en 1996, en el interior de la casa quedó establecida la Vicerrectoría de Docencia, Dirección para el Avance de la Educación, Dirección de Bibliotecas, Biblioteca José Revueltas y Fondo Bibliotecario Gastón García Cantú.


1. AGNP, Fondo Etapa Novohispana, Sección Escribanos, Notaría núm. 1, caja 57, años 1798- 1799, s.n.f.

2. AGNP, Notaría núm. 2, año de 1850, caja 183, f. 382

3. Calderón de la Barca, Madame, La Vida en México durante una residencia de dos años en ese país, 10º. Edición., prólogo y traducción de Felipe Teixidor, México, Porrúa, 1994, p. 250.

4. Leicht Hugo, Las Calles de Puebla, 5º. Edic., Junta de Mejoramiento Moral, Cívico y Material del Municipio de Puebla, 1992, pág. 203.

5. Calendario Nieto. Directorio del estado de Puebla, editado por Ambrosio Nieto, Puebla, 1928, cuads., ils., pág. 106.

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